Los docentes lo sabemos: cerca del cierre de un ciclo lectivo empieza a verse la crisis educativa en toda su profundidad. Miles de chicos no alcanzan lo contenidos esperados, muchos han desertado . La normativa sobre asistencia en estos últimos años se ha modificado con el fin ocultar la creciente deserción, por ejemplo: durante el cursado se ha eliminado la figura de S/C (sin calificar) y es obligatorio poner una nota a un alumno aunque no reúna la asistencia mínima para ser calificado. Por otra parte se han incrementado las instancias de aprobación. Si bien no acordamos en desaprobar "excluyendo", aprobar tampoco es "incluir".
Los mecanismos aplicados ante el desaprobado de un alumno apuntan a recargar el docente de responsabilidades y tareas, cuando no directamente de la "culpa" de que haya un alto número de estudiantes desaprobados. Se le indica que no atendió a la diversidad, que no adecuó los contenidos, que no implementó estrategias alternativas y se le exige nuevos proyectos e informes. Esto es válido, en términos generales, tanto para la primaria como para el polimodal o secundaria, y lógicamente no busca solucionar los problemas sino ocultarlos. Se habla después, y propagandiza, el bajo índice de repitencia… pero es como las cifras que publica el INDEC: ya no significa absolutamente nada.
Desde el punto de vista del trabajador de la educación esto suma frustraciones y desconcierto, algunos optan por aprobar a más chicos de lo que considera que debiera aprobar, otros por desaprobar a "los que no rinden adecuadamente". Este último tendrá alumnos hasta el último día de actividades en diciembre y desde el primero en febrero, sin que esto signifique un progreso significativo.
No debemos aceptar la mentira sobre la verdadera situación educativa.
Ponerle el hombro a este "como qué" de educación, por un sueldo miserable y para que se haga campaña con nuestro trabajo, sólo hace que subsista esta situación.
Tampoco debemos aceptar las presiones, que no existen, pero que las hay, y sí debemos hacer respetar la seriedad de nuestro trabajo.
Edificios
Se inauguran y prometen escuelas, aunque cada vez menos, más que por la crisis, por los que no quieren dejar de ganar lo que vienen ganando. ¿A qué costo? ¿Beneficiando a quienes? ¿A todos? ¿Son suficientes? ¿No se puede construir más y mejor? ¿No hay plata para equiparlas adecuadamente? Plata hay, pero no para todos.
Exámenes de Ingreso
El gobierno habla de calidad educativa certificando que continúa vigente lo esencial de la política plasmada en la ley federal de educación: de calidad es un electrodoméstico, un par de zapatillas; si no te alcanza para el mejor, comprás uno de menor calidad. Es decir, la educación no ha dejado de ser un servicio, una mercancía.
Un ejemplo de esta política son los exámenes de ingreso que deben rendir los estudiantes que deben ingresar al nuevo secundario, es decir, que terminan el 6º año de la primaria.
¿Cuál es el sentido de los exámenes de ingreso? Supuestamente, que las escuelas sobredemandadas (que tienen más inscriptos de los que pueden absorber) puedan seleccionar a los mejores estudiantes. Esto implica de entrada, la progresiva separación entre escuelas "de primera" y escuelas "de segunda" y vuelve a castigar a los chicos más pobres (con peores condiciones socieconómicas) cuando el vínculo entre rendimiento escolar y condiciones de vida es reconocido por todos.